Capítulo 3: "Soy una marioneta"
No solo estudiaba, también trabajaba: los horarios me dejaban libre a eso de las veintitrés horas y debía ir a la Universidad a las ocho de la mañana. Prácticamente dormía un promedio de cuatro horas diarias.
Estaba entrando en un cuadro de depresión. En una semana, mi peso se había pasado de 59,500 kg a 52,000…casi siete quilos en una semana, un kilogramo por día estaba perdiendo. Debo agradecerle a mi empleador, quién me recalcó esto, y me dijo que problema que tuviera, no podía permitir que afectara a mi salud.
A partir de allí intenté subir de peso, recomponerme, y lo fui logrando de a poco, hasta tocar un máximo de casi sesenta kilogramos nuevamente. Mi vida se había, quizás, estabilizado por un tiempo. Pero rápidamente vi que otra cosa se estaba derrumbando: mis estudios.
Una persona, quién yo consideraba algo así como una compañera,
integrante de un grupo al cual yo me integre, me empezó a alertar sobre esto. Yo veía que estaba enojada, no me hablaba, se molestaba por cualquier comentario -que yo creía inofensivo- hasta que un día no soporte más y le pregunte muy violentamente que le estaba pasando. Me dijo que sencillamente no podía verme así como estaba. Estaba destruyendo una carrera por algún motivo idiota, tal el trabajo. Me aconsejo que pensara muy bien que hacer de mi vida y que ella no podía, simplemente, no podía creer a la situación académica que había llegado.
Pasaron dos días, y entendí. Era mi carrera o el trabajo. Por el tipo de trabajo, cumplir satisfactoriamente con las dos cosas, era muy complicado, y yo no estaba con fuerzas para ello. Una tarde, al sol, lo decidí: mi renuncia debía ser inminente. Y así fue, al otro día decidí, prácticamente, no ir…apagué mi teléfono y deje todo librado a la merced. A la tarde, finalmente fui a comunicar mi retiro. Obviamente, fui tratado de muy mala manera, pero sentí que dejaba una gran carga.
A todo esto mi familia, especialmente mis padres, aplaudían mi decisión porque consideraban que otra vez estaba encaminándome a una vida más seria, lo que no sabían ellos, es que solamente había elegido dejar mi trabajo, no mi vida.
Mi peso ya estaba muy estable, volvía a descansar y mi situación
académica mejoraba. Las relaciones interpersonales fueron creciendo y me empezaba a sentir mucho mejor, tanto de salud como anímicamente.
Una noche, mientras hablaba con un compañero de la facultad -hasta ese entonces lo era- decidí conversarle por lo que estaba pasando y me dijo que el suponía, que ya sabía de alguna manera.
Lentamente me fui abriendo a él, y encontré en su persona, algo que no vi en mucha gente. Esas ganas de escuchar, pero escuchar bien, es muy extraño y puede no entenderse, pero hablar con él me ocasionaba lágrimas y hasta risa.
El, a partir de ese día, sería para mi, mi confidente por excelencia.
Es esa voz que siempre esta presente para decirme “no te dejes
pisotear”.
Mi padre, pobre, tiene una manera muy particular de ejercer violencia, y es mediante la palabra oral. Durante todo este tiempo he recibido apodos como: “hiena”; “rata”; “fracaso”; “ser indigno”;“sin-vergüenza”; “mie***”; “sore**” entre otros. Los cuales, en el momento que uno los recibe, no parecen gran cosa, pero más tarde cuando uno piensa que es su propio padre quien le dice esas palabras, cae en un mar de lagrimas. Además, mi papá siempre le dijo a mi madre que yo había preferido mi propia vida antes que a ella, y que yo en realidad nunca la quise. Mi mamá no decía nada, escuchaba, dolida ella y dolido yo, porque en el fondo estoy seguro que ella sabía que yo la amo con todo el alma. Pero mi padre se empecino en amenazarme con contarle a
todo el mundo, incluyendo a mi familia materna -única familia con la que cuento en la vida real debido a que hay conflictos con la paterna- además decía que yo no quería a mi madre.
Como verán, las relaciones con mi padre no son para nada sencillas. A hoy, puedo afirmarles, lo aprendí a odiar. Durante todo este tiempo aprendí, todas sus tácticas, sus movimientos. Saben, durante mucho tiempo me rebelaba contra él, y podía luchar mucho en cuanto a la palabra hace. Le hacia frente, por así decirlo. Pero ahora, esto no es así; ahora estoy callado, sin poder moverme, automáticamente el juega su carta favorita, “vos no tenes derecho a nada, después de lo que hiciste”…a veces me dan muchas ganas de modificarle la oración y decirle: “no es que lo hice, lo voy a seguir haciendo” pero creo que falta mucho para ese día. La cuestión es que Matías, mi nuevo amigo, me
esta enseñando a no permitir eso, a defenderme. Porque después de todo esto, mi persona se había reducido a la figura de una marioneta, y por eso, les pongo la letra de un tema de ABBA -mi grupo favorito- así la leen y comprenden mejor:
Oh sos tan libre, es lo que siempre me dicen
Todavía me siento en el exterior, empujado, refugiado
Algo anda mal, tengo la sensación de no pertenecer
Como si hubiera venido de otro planeta, de otro lugar
Soy una marioneta, solo una marioneta, tira del hilo
Soy una marioneta, la mascota de todos, todo mientras ellos quieren
Soy una marioneta, vean mi pirueta, giro y giro
Soy una marioneta, soy una marioneta, como un triste payaso
Como un muñeco, como un cachorrito sin nada
Y alguien me enseño como hablar, como caminar, como caer
No me puedo quejar, no tengo a otro que culpar que a mi
Algo esta pasando, algo que no controlo, esto es insano
Mira así, una simple sonrisa, es lo que me dicen
Te verás mejor en la foto si sonríes, así es.
